Nos seguimos desangrando…

Hace poco tuve que leer (obligada) Las Venas Abiertas de América Latina, ensayo del uruguayo Eduardo Galeano. Libro donde cada página aporta desgarradores testimonios de las ofensas e incontables humillaciones sufridas por los habitantes originarios de nuestro continente desde el momento mismo en que los primeros conquistadores pusieron sus pies en suelo latinoamericano.

Galeano narra ampliamente el génesis de nuestra historia en su versión más cruda y sangrienta pero más real y cercana a nuestro hoy día. Asimismo, muestra detalladamente cuales fueron las consecuencias del choque cultural que se dio entre el mundo europeo encabezado en nuestro territorio por los españoles y portugueses y el mundo prehispánico, así como el posterior intervencionismo y proteccionismo extranjero dentro de las tierras latinoamericanas por medio del control comercial y político de la región.

 

Le di un breve vistazo a una desdicha no tan breve…

 

“Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta.”

Este pequeño extracto por parte de Galeano en la primera parte de su libro, sin lugar a dudas resume 500 años de historia, pero más que eso, de opresión. América Latina separada de la América de los “americanos” como se hacen llamar los estadounidenses ha sido desde sus inicios víctima de su ignorancia, pero también de su nobleza. Somos gente buena la cual fue separada abruptamente de sus padres “suficientemente buenos” para caer en los colmillos de unos autoproclamados padres adoptivos que una vez habiendo saciado su sed nos fueron pasando de casa en casa para que otros hogares temporales nos usaran, desangraran y descartaran cuantas veces fuera y siga siendo necesario porque es una realidad que América Latina es una región del mundo que, como otras del Tercer Mundo sigue siendo explotada por las grandes potencias mundiales.

Desde el primer capítulo del libro, bajo el título “Fiebre del oro, fiebre de la plata” Galeano se dedica a detallar cómo fue la situación de los pobladores originarios durante la conquista y colonización lo cual nos permite adentrarnos en el ámbito colonial en donde las riquezas provenientes de nuestras tierras latinoamericanas fueron más que aprovechadas, explotadas además de que paralelamente, como si fueran sinónimos, nuestros indígenas sufrieron la ironía de ser expulsados de su propia casa y posteriormente masacrados. Galeano lo plantea como:

“desterrados en su propia tierra, condenados al éxodo eterno, los indígenas de América Latina fueron empujados hacia las zonas más pobres, las montañas áridas o el fondo de los desiertos, a medida que se extendía la frontera de la civilización dominante […] donde el alimento de las minorías se convierte en el hambre de las mayorías”

Durante esta obra es particularmente impresionante como se relata la decadencia y casi extinción de ciudades como: Potosí, Zacatecas, Guanajuato y Ouro Preto que en su momento eran ricas en recursos, particularmente mineros y que en su labor de amamantar el hambre insaciable de los “nobles” de la época fueron desintegrándose hasta caer en el abismo de los recuerdos. Este hambre insaciable de recursos mineros y posterior agotamiento de los mismos permitió entonces la reestructuración de la economía europea con el objetivo de buscar nuevos ingresos. Fue aquí entonces donde productos alimenticios como el azúcar, el algodón, el café y el cacao dejaron de ser de ser fuentes primarias de consumo y se convirtieron en productos económicos de suma importancia. Esta producción distaba de ser beneficiosa ya que entre otras desventajas, propiciaba el monocultivo desgastando nuestros suelos llevándolos a la erosión y alimentándolos de plagas y enfermedades. Todo esto, siendo una mirada de reojo del futuro no menos turbio que nos deparaba.

Líderes brotaban por doquier, peleándose por desmembrar las extremidades ya mordisqueadas de nuestra América Latina. Destacó el “liderazgo” estadounidense quien no vaciló en clavarnos las garras.

En la segunda parte del libro, Galeano se enfoca principalmente en la vida económica de los países latinoamericanos después de los fallidos proyectos de desarrollo. Nace entonces el imperialismo del sistema agro exportador ya que, tenemos como región lo que se requiere: mano de obra barata, tierra fértil y productos primarios. El capitalismo sirve de máscara para la verdadera agenda que tiene Estados Unidos, la cual consiste en despojar a los latinoamericanos de sus tierras como lo hicieron los europeos con nuestros indígenas. Fortalecer el dominio estadounidense en la región.

“El modo de producción y la estructura de clases han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo.” Afirma Galeano.

Definitivamente estamos de más, somos un estorbo, porque es nuestra tierra lo que vale, degradándonos en primera instancia a un simple accesorio molesto que no cobra siquiera la categoría de un mal necesario.

La productividad aumenta a costa de la disminución de la mano de obra. La pobreza es el resultado de la explotación recibida por los centros industriales extranjeros quienes no muestran interés en ampliar el mercado haciendo más difícil erradicar la transgeneracionalidad de la pobreza.

Concluyo que, sin lugar a dudas tenemos que despertar uno a uno. La educación es la llave de la libertad individual para impulsar a toda nuestra sociedad. No hay otra manera de combatir la ignorancia. Como latinoamericanos debemos dejar de ver a las multinacionales como los nuevos conquistadores, en cambio, comenzar por ver a los compradores que están dispuestos a pagar por nuestras mercancías y por nuestros ricos recursos naturales y de una vez por todas dejar de ser las víctimas mortales de unos victimarios forasteros y hambrientos de riqueza. Reconocer nuestro valor y ponerlo en práctica. Nuestros conquistadores pueden ser nuestros nuevos aliados de negocios pero debemos ser nosotros quienes pongamos las pautas de este empoderamiento.

 “La causa nacional latinoamericana es, ante todo, una causa social: para que América Latina pueda nacer de nuevo, habrá que empezar por derribar a sus dueños, país por país.”

KarlotitaconKa.

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